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Daniel Segarra

CEO de Grupo Aitana

Verifactu: por una estrategia digital de las pymes sin mirar al BOE

El aplazamiento de Verifactu es un nuevo ejemplo de legislación sin tener en cuenta las necesidades de las pymes

Verifactu: por una estrategia digital de las pymes sin mirar al BOE

El reciente aplazamiento de la normativa Verifactu es un nuevo ejemplo de legislación sin tener en cuenta las necesidades de las empresas de menor tamaño.

Frente a esta realidad, las pymes tienen que cambiar su mentalidad y tomar el liderazgo de su estrategia digital.

El final del año 2025 ha sido incómodo para un gran número de asesorías y despachos profesionales en España. Llevaban meses invirtiendo tiempo y dinero en adaptar sus aplicaciones al inicio de la normativa Verifactu, cuya puesta en marcha estaba prevista para enero de 2026.

También habían estado aconsejando durante meses a sus clientes, sobre la mejor manera de adaptarse a los nuevos requisitos legislativos que iban a llegar. 

Tras este esfuerzo, el cambio de última hora adoptado por el Gobierno, que en base a sus compromisos políticos ha decidido posponer un año la aplicación de esta nueva ley, ha sentado mal a muchas empresas afectadas.

Tanto a los despachos profesionales, que han sufrido un coste de imagen importante por actuar como intermediarios forzados en este proceso, como a las empresas destinatarias de la normativa, que han recibido este (nuevo) aplazamiento con una mezcla de asombro y enfado. Y la sensación de que se premia a quien deja todo para el último momento. Un auténtico hit de las Navidades.

Un impacto desigual y un claro perjudicado: la pyme

Si bien este aplazamiento afecta a todas las empresas sujetas al Impuesto de Sociedades, que incluye grandes, medianas y pequeñas empresas, son estas últimas en mi opinión las más perjudicadas.

Porque una pyme no puede aprovechar la inercia ni dispone de los recursos que disfrutan compañías de mayor tamaño: ni tiene el presupuesto, ni tiene las personas suficientes para permitirse malgastar recursos. 

El 99,8% de las empresas españolas son pymes. Casi tres millones de empresas que representan el 72% del empleo privado. Pero, dentro de la pyme, no todas son iguales, porque el 94% son micropymes, con menos de diez empleados.

Y este dato es crucial cuando hablamos de digitalización, porque una forma de legislar que no tiene consideración por la pyme es la antesala de una fatiga digital, que lastre las ganas de los empresarios por seguir transformándose. 

La única salida: ir más allá del cumplimiento

Creo que no sirve de nada instalarse en la queja. Los gobiernos cambian, y si bien es evidente que no todos tienen la misma sensibilidad con el tejido productivo, estas situaciones volverán a producirse. No me cabe duda.

Por eso creo que la pyme sólo tiene una salida, que pasa por asumir una ambición de transformación más allá del cumplimiento normativo, adoptando una estrategia digital completa.

La digitalización no puede ser un parche en el último minuto para evitar las multas, debe servir como herramienta para potenciar los resultados de la empresa y ser más competitiva. 

Competitividad global y el factor digital

Actualmente, el 20% de las pymes españolas operan en mercados extranjeros y sus ventas internacionales suponen un 26% de su facturación total.

Por otra parte, únicamente el 1,7% de las empresas que operan en España tienen capital extranjero o son filiales de una matriz internacional.

Pero generan cerca del 38% de la facturación total en España y emplean al 20% de los trabajadores del sector privado. De hecho, la media de su productividad es el doble que la de las pymes españolas. Y, entre las razones que lo explican, destaca una: son empresas que no esperan a que la ley les obligue a digitalizarse. Su ADN es digital. 

Con frecuencia, la pyme nacional no dispone de los recursos humanos o tecnológicos que permiten abrazar esa estrategia digital ambiciosa que facilita a la compañía pasar de pantalla. Estos perfiles tecnológicos tienen retribuciones por encima de la media, lo que hace complejo para una pyme local ficharlos.

Además, se trata de perfiles con altas expectativas y un elevado índice de rotación. Esto complica aún más a una empresa pequeña poder mantenerlos en plantilla, ya que no puede ofrecer los mismos planes de carrera que una empresa de mayor tamaño, cuyas avanzadas políticas de recursos humanos son capaces de ofrecer un futuro profesional más atractivo a los candidatos.

Por ello, si la pyme quiere tomar las riendas de su futuro y dejar de sufrir por cada nuevo cambio normativo que se produzca, debe definir una estrategia digital sólida, cimentada en socios tecnológicos que complementen sus capacidades, le ofrezcan garantías y le ayuden a sortear los vaivenes normativos que seguirán llegando cada cierto tiempo. 

Fabricantes y consultores tecnológicos son hoy más críticos que nunca para la pyme. Y la elección del compañero de viaje adecuado, una póliza de seguro para dejar de mirar a las novedades normativas del BOE, elevando las miras de cómo la tecnología puede llevar el negocio a un nivel superior.  

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